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Después de trabajar aquí, veo las sonrisas de otra manera.

  • Foto del escritor: Prime Dental
    Prime Dental
  • hace 3 días
  • 6 min de lectura

No soy dentista. Probablemente nunca podré mirar una radiografía y entender todo lo que nuestros doctores ven. Pero después de escuchar tantas historias, sí aprendí algo.



La parte de una sonrisa que no aparece en las fotografías

No soy dentista. Pero trabajo todos los días con personas que llegan buscando algo mucho más importante que dientes bonitos: volver a sentirse bien.

No soy dentista.

No estudié odontología y no soy yo quien decide si un paciente necesita una corona, un implante o una carilla.

Mi trabajo en Prime Dental ocurre, casi siempre, del otro lado.

Soy quien contesta mensajes, recibe llamadas, explica citas, escucha preocupaciones y trata de encontrar un espacio cuando alguien dice: “Por favor, necesito que me ayuden.”

Trabajo en el área administrativa y de atención a pacientes y, algunas veces, también asisto a nuestros doctores.

Y quizá por estar precisamente en ese lugar —entre el paciente y el consultorio— he podido conocer una parte de la odontología de la que casi nunca hablamos en redes sociales.

Porque en Instagram vemos el final.

Vemos dientes blancos.

Vemos sonrisas perfectamente alineadas.

Vemos fotografías de antes y después.

Pero yo he visto también lo que sucede cuando detrás de esa fotografía quedó algo sin resolver.

Y algunas de esas historias son difíciles de olvidar.


“Solo quiero volver a comer.”

Hay pacientes que llegan buscando una segunda opinión.

Pero hay otros que llegan buscando ayuda.

Recuerdo especialmente el sentimiento que dejan algunas personas que han pasado por rehabilitaciones dentales muy extensas.

Personas que un día acudieron a una clínica porque querían mejorar su sonrisa y terminaron aceptando tratamientos mucho mayores de lo que originalmente imaginaban.

En algunos casos, ya no tienen sus dientes naturales.

Llegan con implantes, prótesis o rehabilitaciones completas y, cuando comienzas a hablar con ellos, descubres que su preocupación ya no es cómo se ven sus dientes.

Es poder comer.

Es dejar de sentir molestias.

Es recuperar estabilidad.

Es entender qué pasó.

Y entonces escuchas frases que cambian por completo la perspectiva:

“Me dijeron que esto iba a ser mejor.”

“Pensé que iba a poder comer normalmente.”

“Si hubiera sabido todo lo que implicaba, habría preguntado más.”

Hay algo especialmente fuerte en escuchar a una persona decir que daría cualquier cosa por recuperar aquello que alguna vez consideró imperfecto.

Sus propios dientes.

No significa que los implantes sean malos.

Los implantes han cambiado la vida de millones de personas y, cuando están correctamente indicados, pueden ser una herramienta extraordinaria.

El problema aparece cuando empezamos a pensar que reemplazar siempre es mejor que conservar.

Porque un implante puede sustituir un diente perdido.

Pero nunca deberíamos olvidar el valor de preservar un diente natural cuando todavía existe una alternativa razonable para hacerlo.


La chica de la sonrisa perfecta

También recuerdo otro tipo de paciente.

Mucho más joven.

Llega con una sonrisa que, a primera vista, parece exactamente la que muchas personas guardarían como referencia en Instagram.

Dientes blancos.

Uniformes.

Perfectamente proporcionados.

Carillas.

Y, sin embargo, cuando empieza a hablar, la historia cambia.

Tiene sensibilidad.

Las encías están inflamadas.

Sangran.

Hay molestias que lleva tiempo intentando ignorar porque, después de todo, sus dientes se ven bonitos.

Y esa contradicción es probablemente una de las cosas que más me han hecho pensar desde que trabajo aquí.

¿Cómo puede una sonrisa verse tan bien y al mismo tiempo no sentirse bien?

La respuesta es sencilla:

Porque una fotografía solamente puede enseñarnos la superficie.

No puede enseñarnos cómo está la encía.

No nos dice qué sucede debajo de una restauración.

No muestra una mordida.

No explica cuánto tejido dental se retiró.

No muestra una radiografía.

Y definitivamente no puede decirnos cómo se sentirá esa boca dentro de cinco o diez años.

Las carillas tampoco son malas.

Bien indicadas y correctamente realizadas pueden conseguir resultados extraordinarios.

Pero antes de pensar en el color, la forma o el tamaño de un diente, debería existir una pregunta mucho más importante:

¿Está sana la boca sobre la que vamos a construir esa sonrisa?

Porque la estética debería ser la última capa del tratamiento.

Nunca los cimientos.


Lo más difícil es que muchas veces el paciente simplemente confió

Esta es quizá la parte que más me toca.

Es muy fácil mirar hacia atrás y decir:

“Debió haber pedido otra opinión.” “Debió investigar.” “Debió preguntar más.”

Pero cuando alguien está sentado frente a un profesional de la salud, existe algo muy poderoso de por medio: la confianza.

El paciente no estudió odontología.

No tiene por qué saber cuánto puede desgastarse un diente.

No tiene por qué conocer todas las alternativas existentes.

No tiene por qué saber cuándo realmente necesita un implante.

Precisamente por eso pregunta.

Precisamente por eso confía.

Y precisamente por eso creo que nuestra responsabilidad hacia el paciente comienza mucho antes de tocar un diente.

Comienza explicando.


También entiendo por qué el precio importa

Trabajando en atención a pacientes, hay una pregunta que escucho todos los días:

“¿Cuánto cuesta?”

Y la entiendo perfectamente.

Los tratamientos dentales pueden representar una inversión importante.

Para algunas familias significa utilizar ahorros.

Para otras, viajar.

Pedir días libres.

Financiar el tratamiento.

Posponer otros gastos.

Por eso comparar precios es completamente válido.

Lo peligroso es comparar solamente precios.

Dos presupuestos pueden decir “carillas”, “implantes” o “coronas” y representar planes de tratamiento completamente diferentes.

Antes de preguntarte cuál cuesta menos, vale la pena preguntarte:

  • ¿Por qué necesito este tratamiento?

  • ¿Qué alternativas tengo?

  • ¿Existe una opción más conservadora?

  • ¿Qué sucederá con mis dientes naturales?

  • ¿Cómo está mi encía y mi hueso?

  • ¿Qué riesgos existen?

  • ¿Qué mantenimiento necesitaré?

  • ¿Qué ocurre si decido no hacerlo?

  • ¿Cuál es el pronóstico a largo plazo?

Y hay una pregunta que personalmente considero fundamental:

“Doctor, si este fuera su diente, ¿qué intentaría conservar?”


No quiero que tengas miedo de ir al dentista

Después de leer todo esto, podría parecer que el mensaje es desconfiar.

No lo es.

No queremos que las personas tengan miedo de las carillas.

Ni de las coronas.

Ni de los implantes.

Ni de una rehabilitación completa cuando realmente la necesitan.

El mensaje es exactamente el contrario:

queremos que preguntes.

Que entiendas.

Que participes en las decisiones sobre tu propia boca.

Que sepas qué van a hacer y por qué.

Y que nunca sientas presión por tomar una decisión irreversible porque una fotografía te prometió una sonrisa perfecta.

Una segunda opinión no es una falta de respeto hacia tu dentista.

Preguntar tampoco lo es.

Y decir:

“Quiero pensarlo.”

es completamente válido.


Después de trabajar aquí, veo las sonrisas de otra manera

No soy dentista.

Probablemente nunca podré mirar una radiografía y entender todo lo que nuestros doctores ven.

Pero después de escuchar tantas historias, sí aprendí algo.

Cuando una persona entra por nuestra puerta, no llega solamente una boca.

Llega alguien con miedo.

Con expectativas.

Con experiencias anteriores.

Con un presupuesto.

Con preguntas que quizá le da pena hacer.

Y algunas veces llega alguien que simplemente quiere que alguien lo escuche después de sentir durante mucho tiempo que algo no está bien.

Por eso, cuando veo una fotografía espectacular de un antes y un después, ya no pienso solamente:

“Qué bonita sonrisa.”

Ahora pienso:

¿Está sano?

¿Puede comer bien?

¿Está cómodo?

¿Se conservaron todos los dientes que podían conservarse?

¿Entendió lo que le hicieron?

¿Seguirá funcionando dentro de diez años?

Porque quizá eso sea realmente una sonrisa exitosa.

No la que consigue más likes.

Sino la que permite que una persona vuelva a sonreír, hablar y comer con tranquilidad.


Antes de cambiar tu sonrisa, entiende tu boca.

Busca un profesional que pueda explicarte no solamente qué quiere hacerte, sino por qué.

Pregunta por alternativas.

Pregunta qué puede conservarse.

Pregunta por los riesgos.

Pregunta qué sucederá en cinco, diez o quince años.

Y si todavía tienes dudas, busca una segunda opinión antes de tomar una decisión irreversible.

Porque tu sonrisa puede transformarse en unas cuantas citas.

Pero tus dientes tienen que acompañarte toda la vida.

Salud primero. La belleza se construye sobre ella.


— Desde el área de atención a pacientes de Prime Dental, soy Gabriela, y si tu estas en una situación que requieres mas información o deseas hacer un cambio, llámanos, el equipo de Prime Dental siempre estará aquí para ayudar.

Envia un mensaje de texto o whatsapp al +1 (520)9810172 o llámanos y podemos aclarar todas tu dudas y explicarte tratamientos sin ningún costo.


 
 
 

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